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Tras su liberación, las prioridades en la vida de Betancourt cambiaron.
Tras su liberación, las prioridades en la vida de Betancourt cambiaron.

Ingrid Betancourt: “Perdonar es una estrategia de liberación personal”

Tras su liberación, las prioridades en la vida de Betancourt cambiaron.

Tras su liberación, las prioridades en la vida de Betancourt cambiaron.

“¿Quieres un té?”, pregunta Ingrid Betancourt. Acto seguido, sirve una sola taza. “No puedo tomar ni cafeína ni teína, mi hígado está muy dañado, es un recuerdo de la selva”, añade.

Han pasado cinco años desde que la excandidata a la presidencia de Colombia fuera liberada tras pasar casi siete años secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Se encontraba en campaña para los comicios de 2002 cuando fue capturada por el grupo guerrillero en los alrededores de San Vicente del Caguán, en el suroeste del país.

Ahora estudia Teología en la Universidad de Oxford, Inglaterra, pero a pesar del paso del tiempo, los recuerdos de sus días en cautiverio la acompañan todos los días. Muerte, dolor, humillación, miedo, depresión, soledad, hambre, ser tratado como un animal, estar enfermo sin tener la posibilidad de aliviar el dolor; ser criticado, ignorado por los compañeros de cautiverio, son algunas de las situaciones con las que lidió mientras estuvo en poder de las FARC.

Retomar la vida donde la dejó no ha sido tarea fácil. Hace poco declaró que no descartaba volver a la política. Sin embargo, sus prioridades han cambiado en forma radical, y la oposición de sus seres queridos podría convencerla de no regresar.

“Agrupaciones políticas en Colombia me han contactado, y yo descubrí que mi vínculo con el país es muy fuerte y por eso quisiera ayudar en el proceso de paz, aunque sea con mis pensamientos. Pero es una decisión difícil porque todavía tengo que sanar mis heridas y mi familia está en contra”, dice.

Los años que precedieron su secuestro, Betancourt encarnó la imagen de una nueva generación de dirigentes, que no temía la polémica y ni le interesaba la posición tímida que tradicionalmente tuvieron las mujeres en la política colombiana. Y aun cuando la controversia siguió los años siguientes a su dramática liberación, muchos la consideran un símbolo del sufrimiento que la situación de secuestro impone a víctimas en el mundo entero.

 

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