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Niños rohingya de la aldea U Shey Kya, a las afueras de la ciudad de Maungdaw . SOE ZEYA TUNREUTERS
Niños rohingya de la aldea U Shey Kya, a las afueras de la ciudad de Maungdaw . SOE ZEYA TUNREUTERS

La ofensiva militar en Birmania amenaza con provocar un nuevo éxodo Rohingya

Niños rohingya de la aldea U Shey Kya, a las afueras de la ciudad de Maungdaw . SOE ZEYA TUNREUTERS

Niños rohingya de la aldea U Shey Kya, a las afueras de la ciudad de Maungdaw . SOE ZEYA TUNREUTERS

Cientos de miembros de la comunidad Rohingya de Birmania están escapando desde hace días hacia Bangladesh para huir de la última oleada de violencia que azota al oeste del país asiático, en un movimiento que podría reactivar el éxodo marítimo que degeneró en crisis humanitaria en 2015.

Residentes locales citados por la agencia Reuters afirmaron que algunos de los integrantes de esta etnia de religión musulmana fueron abatidos cuando intentaban cruzar el río Naaf, que separa Birmania de Bangladesh, y otros que viajaban en pequeñas embarcaciones fueron obligados a retornar al mar por los guardias fronterizos de la segunda nación.

Esta última acción fue confirmada por un portavoz de las fuerzas armadas de Bangladesh, el teniente coronel Anwarul Azim, que reconoció que el martes los uniformados locales rechazaron el acceso de dos embarcaciones donde viajaban 86 personas, entre las que figuraban 40 mujeres y 25 niños.

“Hemos reforzado nuestras patrullas y hemos traído a más fuerzas para asegurar el área fronteriza”, señaló Azim.

Los medios de comunicación de Bangladesh también incidieron en que cientos de Rohingya permanecen “atrapados” en el área limítrofe de los dos estados.

Los Rohingya de la zona birmana de Maungdaw, epicentro de los enfrentamientos que se repiten desde hace semanas, describieron escenas estremecedoras pero imposibles de confirmar dado que esa región permanece clausurada para los observadores independientes desde principios de octubre, la fecha en la que comenzaron las refriegas armadas. Human Right Watch exigió hoy precisamente el acceso a la zona de periodistas y ONGs.

“Hay un montón de cadáveres flotando en el mar”, señaló uno de los locales citados por la misma agencia.

En los últimos días numerosos vídeos difundidos por activistas Rohingya dejaban ver un número incontable de cuerpos tendidos en campos de cultivo o riachuelos, algunos de ellos calcinados y múltiples aldeas arrasadas por el fuego.

Las razias anti Rohingya de 2012 y la represión subsiguiente fueron uno de los principales motivos que instaron a miles de ellos a huir en precarios navíos hacia Malasia e Indonesia alimentando una red de tráfico se seres humanos cuya desarticulación momentánea provocó la crisis humanitaria de 2015, cuando cientos o miles de “balseros” -nunca se supo la cifra exacta- murieron ahogados o en buques a la deriva.

La reciente escalada se inició con el asalto el 9 de octubre de un grupo armado contra tres puestos de observación birmanos en el área limítrofe de Maungdaw, en un ataque en el que perdieron la vida 9 policías locales.

La acción ha sido reivindicada por una milicia hasta ahora desconocida, Harakat Al Yakin Mujahidin (que se identifica con las siglas FMA), uno de cuyos dirigentes, Abu Ammar Junooni indicó en uno de los múltiples vídeos difundidos en las últimas jornadas que efectivamente se trata de una nueva formación armada de Rohingya que busca “restaurar nuestros derechos usurpados”. “No somos terroristas, nos merecemos esos derechos”, añadió.

Durante años el ejército birmano acusó a los Rohingya de mantener vínculos con formaciones islamistas radicales, un señalamiento negado por ONGs y expertos.

Campos de desplazados
Decenas de miles de integrantes de esta comunidad permanecen confinados desde hace años en campos de desplazados en el estado de Rakhine -al suroeste del país- cercados por alambrada y soldados, donde malviven en condiciones críticas.

Los activistas de esta comunidad aseguran que las víctimas de la ofensiva que lanzó el ejército birmano tras la primera arremetida de Octubre podrían superar los 150 muertos.

Las autoridades birmanas han estimado que desde el inicio de la confrontación han abatido a 69 “atacantes violentos” y han sufrido 17 bajas entre los miembros de las fuerzas de seguridad.

En una rueda de prensa este miércoles, el general Soe Naing Oo, aseguró que los altercados armados del pasado fin de semana se suscitaron cuando una columna del ejército fue “atacada” por al menos 830 personas.

Su versión es que al principio de los encontronazos los militares respondieron a los disparos con “balas de goma para dispersar a la multitud” y después -cuando el jefe de la unidad “fue abatido”- recurrieron a algo más explícito: la ametralladora pesada calibre 7,62 mm de un helicóptero.

“Fue para salvar la vida del resto de los miembros de las fuerzas de seguridad y mantener la dignidad del ejército. Nuestra acción fue acorde con la Convención de Ginebra”, añadió el uniformado.

Residentes de esas zonas y ONGs han acusado a los militares de acometer ejecuciones sumarias, violar a mujeres y otros muchos desmanes, que Naypyidaw ha negado.

Human Right Watch alertó sobre la quema de cientos de aldeas, pero el ejército achacó la responsabilidad a los insurgentes.

El ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, que dirige la comisión nombrada por la principal dirigente del país, Aung San Suu Kyi, para indagar sobre la situación en la región de Rakhine, también expresó su preocupación por esta nueva oleada de violencia “que está sumiendo al estado en una renovada inestabilidad y creando nuevos movimientos de desplazados”.

La nueva crisis de Rakhine pone en cuestión la mejora de los derechos humanos que pretendía defender la ex premio Nobel Sus Kyi.

elmundo.es

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