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Delicadas ranas de oro en el museo de Bogotá. / JANE SWEENY
Delicadas ranas de oro en el museo de Bogotá. / JANE SWEENY

Ranitas de oro y chamanes de Bogotá

Hay un lugar en Bogotá donde se puede viajar al pasado precolonial y disfrutar de una cultura casi olvidada desde hace siglos. En el Museo del Oro se exponen piezas de arte precolombino que evocan una cosmovisión muy distinta a la europea y que permiten volar con la mente a mundos más allá del terrenal. Aunque muchas joyas de aquella época fueron fundidas y llevadas a Europa tras la colonización, aún se conservan verdaderas obras de arte trabajadas tanto en oro como en aleaciones de metales y otros materiales.

Minuciosos detalles en una pieza del Museo del Oro. / ÁNGEL TOLEDO CAMUÑAS

Minuciosos detalles en una pieza del Museo del Oro. / ÁNGEL TOLEDO CAMUÑAS

Para los pueblos prehispánicos que habitaron la Colombia actual el universo se manifestaba en una dimensión material visible y en otra espiritual, todopoderosa y oculta para la mayoría de la gente. En el museo se explica cómo el chamán se servía de los efectos de plantas como la coca o el yagé para conectar ambos mundos. En estos rituales se usaban pieles, máscaras y adornos que servían para transformar en animales a estos intermediarios que interpretaban sus visiones con poderosa simbología.

El museo reconstruye las costumbres y pensamientos de estos pueblos. Llama la atención la belleza de los utensilios cotidianos, de las ofrendas y de las ánforas de barro para transportar agua. Todas las piezas tienen minuciosos detalles, lo cual sorprende por su pequeño tamaño y la dificultad de trabajar con los metales.

Cientos de animales diminutos fundidos en oro, murciélagos, jaguares, serpientes y aves, cada uno con un significado distinto, llenan las vitrinas de un museo bien estructurado y con una excelente iluminación. Una visita obligatoria para el turista. En la sala de La Ofrenda se puede disfrutar de unos minutos de espectáculo de luz y sonido, pero la joya mayúscula del Museo del Oro se encuentra en la última sala. La Balsa Muisca, que representa la investidura de los jefes muiscas en la Laguna de Guatavita, atrae la atención por su alusión a la leyenda de El Dorado.

El museo cierra todos los lunes y la entrada es gratuita los domingos, aunque merece la pena ir cualquier otro día de la semana por poco más de un euro y disfrutar del recorrido sin bullicios.

 

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Sobre Matías Vega

Webmaster y publicador en el Periódico El latino.

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